Leopoldo Mendívil
Lunes 17 de Noviembre de 2008
ING. GILBERTO LÓPEZ MEYER,
IRECTOR GENERAL DE ASA:
El jueves 6 pasado, Emilio España Krauss me llamó para prevenirme sobre la versión de un sabotaje contra el Learjet 45 que se precipitó a escasa distancia de la Fuente de Petróleos llevando, entre otros, al secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño a bordo:
“Eso no fue un atentado —me aclaró—. Lo provocó la turbulencia de los reactores del avión que iba adelante. Te lo digo porque yo viví una experiencia así y de no ser por la pericia del piloto no hubiera vivido para contártelo hoy”.
Emilio me contó que hace algunos años él y su familia volaban en una aeronave de cabina angosta que, de pronto, sufrió una sacudida fortísima y giró casi en ángulo recto sobre su eje. “De no ser por la rápida reacción del piloto, que pudo controlarla a tiempo de que la turbulencia no la terminara de voltear, nos habríamos ido al suelo, y cuando ya había librado el peligro llamó a la torre de control para reclamar porque nunca le informaron sobre la nave que llevaba adelante...”
España Krauss, el famoso industrial de los dulces que produce las tradicionales pastillas Usher’s, me comentó que luego de aquel incidente indagó más sobre los efectos de la turbulencia de estela provocada por las turbinas de las aeronaves de cabina ancha. “Es muy conocido –apuntó— que los pilotos de aviones oficiales suelen desdeñar las instrucciones de control aéreo, en los procedimientos de aterrizaje”, especialmente en relación con la distancia reglamentaria para evitar los efectos de la turbulencia de estela.
Luego de recibir esta información hablé con el piloto retirado Alfredo Lezama, quien me permitió documentar un poco más, el viernes 7, la manera en que actúan las estelas de turbulencia producidas por las turbinas, que alcanzan velocidades de entre 600 y 800 kilómetros por hora y alcanzan una longitud de hasta 25 kilómetros.
Independientemente de las consecuencias políticas que los decesos de Juan Camilo Mouriño y de José Luis Santiago Vasconcelos aún habrán de provocar, los nubarrones que el accidente aéreo del martes 4 provocó en la administración aeronáutica no son menores. Ya ustedes han revelado errores que resultaría imposible concebir en la ligereza con que, ahora sabemos, se contrata a quienes transportan a funcionarios de la importancia de Mouriño y de Santiago.
¿Quién y hasta qué nivel en el escalafón de mandos va a responder por las vidas perdidas hace casi tres semanas? ¿Hasta qué profundidad será necesario investigar la ligereza con que un sistema de tan elevados riesgos como el aeronáutico es operado en México?
Es una inconmensurable irresponsabilidad la que ustedes han comenzado a revelar y ahora no existe posibilidad alguna de parar, y menos aún de ocultar.
Ya el costo ha sido enorme. No es posible dejarlo crecer más.Pero compartiendo responsabilidades van a aparecer muchos de ustedes, miembros desde varios años a la fecha de la administración aeronáutica nacional. Usted mismo está señalado como quien, siendo director general de Aeronáutica Civil, otorgó las licencias y certificados a los pilotos que dejaron sus últimas palabras resignadas en una de las cajas negras del avión caído.
¿Puede, cargando con la sospecha que le genera tal presunta autorización, investigar el accidente? ¿Debe excusarse de tal responsabilidad hasta en tanto se aclare si hubo o no negligencia de su parte en el otorgamiento de tales licencias? ¿La autoridad responsable puede permitirle estar al frente de esa investigación y hasta de la dependencia que conduce?
Perdone, ingeniero López Meyer, que se lo pregunte de esta manera, pero no encuentro otra más cortés y correcta para hacerlo:
¿No considera usted, de acuerdo con la manera como el lamentable accidente ha imbricado acciones y responsabilidades presuntamente cumplidas por usted de manera insuficiente en el pasado, con las que durante la tarde del día cuatro pasado, también presuntamente hasta el momento, incumplieron a bordo de la aeronave caída quienes la operaban?
Debemos suponer que usted otorgó tiempo atrás esas licencias y certificados de capacitación a los pilotos que conducían la aeronave caída creyendo que cumplían con las condiciones demandadas por la normatividad, cosa que el tiempo y la fatalidad se encargaron de desmentir. Sin embargo, ese trámite fue realizado en la dependencia oficial que estaba a su cargo. ¿De qué magnitud cree usted que haya sido su responsabilidad en el desastre?
Ciertamente esta es una pregunta que deben responder, principalmente, sus superiores. Ahora de ellos depende cumplir con las normas.
Le deseo sinceramente que esta situación se aclare en su favor y de no suceder así, pues lo lamento y en consecuencia mi deseo debe concretarse a que la ley se cumpla a cabalidad.
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=398441
lunes, 17 de noviembre de 2008
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