viernes, 7 de noviembre de 2008

Qué cinismo

Pablo Hiriart
Vida nacional
07-Nov-2008

El calificativo más ligero que le echaron encima a Juan Camilo Mouriño fue el de “cero a la izquierda”.¿A cuento de qué vienen ahora esos golpes de pecho y fingidas expresiones de condolencias?Quienes criticaron a Mouriño y acudieron a dar el pésame a Gayosso o le aplaudieron ante su ataúd en el Campo Marte, mostraron la limpieza de su lado humano y urbanidad política.Se vale criticar, luchar políticamente contra alguien, exhibir sus errores y confrontarlo con ideas y con sus incongruencias. Sí, todo eso se vale y así es la política.Pero los que calumniaron a Mouriño hasta compararlo con un corsario e hicieron mantas que mostraron en la televisión para denigrarlo, hoy muestran su felonía al decirse apesadumbrados por tan sensible pérdida. López Obrador le inventó a Mouriño una calumnia artera, baja, que usó como torpedo para golpear bajo la línea de flotación en la reforma petrolera y en la carrera política del joven campechano. Lo logró. Y no nos extrañe que los seguidores de López Obrador que hicieron el trabajo sucio de montarse en la calumnia y divulgarla sin pudor, comiencen ahora a esparcir todo tipo de rumores sobre las causas de la muerte del ex secretario de Gobernación.Así actuaron en el caso Colosio. Y son los mismos. O casi. A Colosio le dijeron todos los días, desde su destape hasta el día de su muerte, que era “un pelele de Salinas”, que no daba el ancho como candidato, que era una simple marioneta de los intereses del grupo en el poder.Decían, y escribían, que Colosio debía renunciar a su candidatura pues había otro priista más capaz que él. ¿Ya se nos olvidó? Esa misma campaña de insidias se puso en marcha contra Juan Camilo Mouriño desde que pisó el Palacio de Covián.Los calumniadores en uno y otro caso, hay que repetirlo porque la memoria es frágil, son prácticamente los mismos.Luego del asesinato de Colosio, quienes habían alentado con calumnias su sustitución y lo acusaban de pelele, se dijeron grandes amigos del sonorense y tuvieron el descaro de señalar culpables y envenenar al país con conjeturas inventadas.Esos personajes y sus medios afines, le dieron a Juan Camilo el trato de “corrupto”, de manera falsa y desde luego injusta.López Obrador lo gritó en todas las plazas públicas del país y en cuanta entrevista concedió sobre el tema petrolero: Mouriño es un ladrón, decía, y lo acusaba de impulsar la reforma energética para favorecer a empresas españolas.¿No es tiempo ya de que López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo y otros que le acompañan, guarden sus odios y dejen de mentir sobre sus adversarios políticos?Lo que sea verdad, adelante, a gritarlo y exigir castigo y a sacar dividendos políticos de los yerros de los adversarios. Pero fabricar una mentira para denigrar y lastimar la reputación de una persona, es algo que debe tener un alto.No sólo se metieron con el entonces secretario de Gobernación, sino como lo dijo el propio Mouriño, se metieron con su familia, con su padre, con sus abuelos ya muertos.Fueron a hurgar en los archivos de Galicia supuestas pruebas por la nacionalidad de Mouriño. E inventaron.Ese viaje para el linchamiento fue financiado por el dueño de un medio de comunicación.¿No les da vergüenza decir ahora “sentido pésame”?En todo caso, el silencio hubiera sido comprensible.Ojalá que la muerte de Juan Camilo Mouriño haga reflexionar a los artesanos de la calumnia y el desprecio.Se ve difícil.Es demasiado cinismo.

http://www.exonline.com.mx/diario/columna/406545

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