domingo, 9 de noviembre de 2008

México, país de presidentes

René Avilés Fabila
09-Nov-2008

Hay nostálgicos del pasado que añoran los tiempos del PRI porque imaginan que México requiere de un presidente-caudillo, duro, decidido, autoritario, quizá no tanto como Díaz Ordaz, pero sí de mano metálica como han sido la mayoría de los hombres que se han sentado en lo que Carlos Fuentes (la cita es obligatoria, no quiero quedarme atrás en el torneo de desmesuras al novelista) llamó la silla del águila. No sé si tengan razón. Yo nunca dejé de criticar al PRI y ahora veo a muchos de esos priistas, corruptos y abusivos, convertidos en campeones de la democracia y la honestidad. Bueno, al parecer el contacto con el PRD los transformó de villanos a héroes, de tímidos centristas a izquierdistas radicales.Lo que me llama la atención es que ahora la democracia mexicana ha ido mucho más lejos de lo soñado. No estamos en una república regida por un parlamento, pero sí vivimos en un país donde tenemos tres presidentes coexistiendo: uno es Felipe Calderón, el que pareciera tener cierta legalidad institucional; otro es Andrés Manuel López Obrador, quien se ha investido a sí mismo como presidente legítimo y el último es Vicente Fox, un político que no se resigna a dejar la Presidencia de México y para probarlo no sólo hace declaraciones insensatas aquí, en España o en Estados Unidos, sino que mandó hacer, en su muy mejorado rancho de San Cristóbal, una réplica exacta de las salas y los despachos que utilizó en Los Pinos. Dicen los medios que más de un mueble o un objeto no son copias sino cosas que pudo saquear con la anuencia del Estado Mayor Presidencial. Me limito a ver las fotografías en diarios, noticiarios televisivos e internet. Nunca he sido invitado al ranchote a conocer sus espléndidas instalaciones y las de la fundación que ahora poseen los Fox para conseguir recursos y pagar los gastos de su presidencia vitalicia. Por cierto, Marta se refiere a él diciéndole “presidente”.Alguna vez un avezado político del PRI (FGB), me dijo que en México no había hombre más triste que aquél que se quitaba la banda presidencial para dársela al sucesor. Los dos polos: el funcionario radiante que llega y el que lamenta dejar el poder absoluto que solía detentar en aquellos tiempos. Así lo vimos con Luis Echeverría: le entregó el cargo a su mejor amigo, José López Portillo, un fantástico actor que solía llorar, defender el peso como un perro, escribir libros espantosos como sus Memorias y Don Q y a amar mujeres hermosas. Echeverría se aferró al poder como ahora lo hace Fox. Hubo necesidad de llamar a Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación, para tranquilizar a don Luis. Lo mandaron como embajador plenipotenciario a las Islas Fidji. Allí trató de gobernar a sus habitantes.El problema de tener tres presidentes es no saber quién manda, qué órdenes y disposiciones debemos acatar. Calderón dice una cosa y López Obrador otra muy distinta; Fox da sus propios puntos de vista, como de costumbre, sin sentido y contrarios a los anteriores. Para más de un mexicano con sentido del humor esta suerte de santísima trinidad es benéfica, pues hay gobernantes para todos los gustos. Lo vimos durante el informe a la nación de AMLO en la Cámara de Diputados: algunos de sus fieles lloraron, basta leer el artículo que Rosario Ibarra escribió al respecto, comenzaba exaltada con aquello de “Ya suenan los claros clarines” del peor Rubén Darío, y siguió con la emoción que le produjeron las palabras del presidente legítimo.Fox también tiene sus fieles adeptos. Por ello, los medios aceptan sus inauditas declaraciones, no olvidemos que el hombre habla de todo y que él, insiste, sí era capaz de resolver los problemas. Por ello intentó eternizarse en el poder primero a través de Marta, su esposa, luego de Santiago Creel. En ambos casos, por ventura, perdió.Esos mismos nostálgicos dicen que el mejor sistema político fue el presidencialismo a la mexicana, un absolutismo que manejaba todo desde la voluntad de un sólo personaje. Pero los tiempos pasados no suelen regresar y hay que acostumbrarnos a tener tres presidentes en el país. Lo incómodo son los gastos: la injusticia es visible, mientras que Ebrard mantiene al legítimo y a Fox sus amigos y aquello que pudo sustraer de las arcas nacionales, Calderón dispone de ilimitados recursos. No se vale, dicen Fox y López Obrador. Por ello, diputados del PAN piensan proponer a la Cámara que haya partidas para todos los mandatarios. Para eso justamente fue AMLO a presentar su propuesta económica hasta San Lázaro, donde pidió 369 mmdp.Los políticos mexicanos aman el poder, lo sabemos históricamente, ninguno ha querido dejarlo, como Santa Anna. Porfirio Díaz dijo que nadie se perpetuara en el poder y la suya sería la última revolución. Luego de 30 años hubo que hacer otra para echarlo. Lo conveniente sería dividir al país en tres regiones y asignarle a cada uno su cuota de poder. O rogarle al nuevo secretario de Gobernación poner orden constitucional y político.

http://www.exonline.com.mx/diario/editorial/408276

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