Ciro Gómez Leyva
Lunes, 17 Noviembre, 2008
Cuando tanto los enemigos como los presuntos aliados del PAN lo infamaban a principio de 2003 por combinar las actividades de senador y litigante privado, Diego Fernández de Cevallos dijo que si esa forma de ver la política se imponía, “lo único que se va a conseguir es que nos llenemos de funcionarios medianitos, mediocres; y México lo va a lamentar”.Por esa época, impulsada fundamentalmente por Andrés Manuel López Obrador, se asentó la idea de que el servidor público era un privilegiado per se que debía cobrar el menor dinero posible. Tener un sueldo competitivo en la política se ha ido convirtiendo en objeto de vergüenza. Las licitaciones se ganan con el proveedor más barato, no con el mejor. Y en las contrataciones de personal se impone también el razonamiento de mejor el barato que el idóneo.No soy especialista en el tema, pero he escuchado a lo largo de la década lo que no escuché en los 90 o los 80: la calidad de los funcionarios es baja. Y en ciertas dependencias y áreas, lamentable.Una de las virtudes que podría traer la tragedia del 4 de noviembre sería revisar con un espíritu de modernidad el criterio fariseo e ineficaz de que los servidores deben tener malos sueldos y malas condiciones para operar. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes apunta que la muerte de Juan Camilo Mouriño y demás pasajeros del Learjet se debió a malas decisiones administrativas que desembocaron en malos procedimientos y malas contrataciones, como las de los pilotos Martín Oliva y Álvaro Sánchez.Qué dolor para los familiares de los pilotos: están muertos y el gobierno que los mal contrató, los acusa ahora de pendejos.
http://www.milenio.com/node/115398
lunes, 17 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario