Homero Aridjis
30 Nov. 08
"La Declaración Universal de Derechos del Hombre, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la sesión celebrada en París el 10 de diciembre de 1948, constituye uno de los grandes documentos históricos aprobados por una Asamblea soberana, o aceptados con reticencia por la dinastía imperante, en el curso de las últimas siete centurias". Así relataba El Correo de la UNESCO del 1o. de octubre de 1949 dicha declaración, cuyo 60 aniversario se conmemora este 10 de diciembre en la UNESCO."¿Cuál es la situación real de la dignidad de la persona y del respeto de los derechos humanos en un mundo donde millones de seres padecen pobreza? Defender las ideas y misiones enunciadas en la Declaración exige luchar contra la pobreza", se plantea Pierre Sané, actual subdirector general de Ciencias Humanas y Sociales de la UNESCO. "Debemos reconocer que hoy en día la mitad de la humanidad no goza, ni siquiera en lo más mínimo, de una justa consideración de su identidad y condición, pese a los notorios progresos realizados a nivel internacional en ámbitos tan importantes como la lucha contra la tortura, la sanción jurídica de las violencias contra las mujeres y el reconocimiento de los derechos de los refugiados y emigrantes".Fue al poeta mexicano Jaime Torres Bodet, segundo director general de esa organización de las Naciones Unidas dedicada a la educación, la ciencia y la cultura, al que le tocó promover la Declaración. Gandhi comentó entonces: "Me enseñó mi iletrada, pero sabia madre, que todos los derechos que han de reconocerse y preservarse provienen de deberes bien cumplidos. Por consiguiente, el verdadero derecho a la vida nos corresponde únicamente si cumplimos con los deberes de un ciudadano del mundo. Partiendo de esa constatación fundamental quizás no sea difícil definir los derechos del Hombre y de la Mujer, y relacionar cada derecho con algún deber correspondiente que ha de ser previamente cumplido". El escritor Aldous Huxley señaló: "La creciente presión ejercida por las necesidades de la población sobre los recursos, la posibilidad amenazadora y la incesante preparación de la guerra total, he aquí, actualmente, los mayores enemigos de la libertad".La creación de la UNESCO en 1945 fue un acto de fe humanista surgido de entre las ruinas materiales y morales de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo de una Europa devastada hasta sus raíces por el genocidio cometido por los nazis. Para sus participantes originales, como Walter H.C. Laves, delegado de Estados Unidos a la primera Conferencia General de la UNESCO en 1946, fue una tentativa tomada después de la guerra para "elaborar un cuadro democrático donde la cooperación internacional pudiese organizarse. Constituía en un sentido la puesta en práctica de una larga tradición de reflexión sobre las relaciones de la educación, la ciencia y la cultura con la política y los problemas de la sociedad"."Cabe preguntarse si hoy en día la Declaración de 1948 tendría posibilidades de ser aprobada, como lo fue en su tiempo", se interrogó a Stéphane Hessel, escritor franco-alemán sobreviviente de los campos de concentración nazis que participó en la redacción de la Declaración, y recipiente del Premio UNESCO Bilbao de Derechos Humanos 2008. "Hoy no se dan las condiciones necesarias. La enorme conmoción causada por la Segunda Guerra Mundial permitió entonces hacer realidad una ambición tan radical. Sin embargo, el día de mañana podría producirse una conmoción parecida, por ejemplo en lo referente a la preservación del planeta. O a causa de una incontrolable invasión de la economía por la esfera financiera... la aprobación de un texto semejante al de la Declaración de 1948 -por ejemplo, para la protección del medio ambiente- podría tener las mismas posibilidades de éxito. Hace 60 años no se daban las condiciones para aprobar una declaración sobre la preservación del planeta".Según los artículos de la Declaración, los seres humanos nacen libres e iguales, gozando de los derechos a la vida, la libertad y la seguridad, y no estarán sujetos a esclavitud ni a servidumbre, ni a torturas ni tratos inhumanos. Cada ser tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica y a la igualdad ante la ley, al recurso ante los tribunales, y de presumirse inocente mientras no se pruebe su culpabilidad. Nadie será objeto de injerencias en su vida privada, toda persona tiene derecho a la libre circulación, y a buscar asilo en caso de persecución. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad, de casarse con su libre consentimiento, y a la propiedad. Tiene derecho a la libertad de pensamiento, de religión, y a la libertad de opinión, de expresión, de reunión, y a participar en el gobierno de su país. Cada ser tiene derecho a la seguridad social, al trabajo, al descanso, y a un nivel de vida adecuado, a la educación y a participar en la vida cultural. Tiene derecho a que se haga un orden social e internacional donde se hagan efectivos estos derechos, pero también tiene deberes hacia la comunidad, y su disfrute de los derechos será limitado por el respeto de los derechos de los demás. Nada en la Declaración confiere el derecho a ningún Estado, grupo o persona de suprimir los derechos y libertades enunciados en ella.En este mundo de injusticia cotidiana, donde se violan los derechos humanos, ya sea en nombre de fundamentalismos religiosos que engendran terrorismos y guerras étnicas, en este mundo de tiranías, donde individuos o grupos armados se apoderan de países enteros y suprimen derechos y libertades, en este mundo de mafias criminales que trafican con personas y armas, y esclavizan mujeres y niños mediante el sexo, la violencia y las drogas, en este mundo donde se violan los derechos de la naturaleza violando también los derechos de los seres humanos, los animales y las plantas, hoy, como hace 60 años, es imperativo que se cumplan los principios enunciados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
http://www.reforma.com/editoriales/nacional/474/946444/
domingo, 30 de noviembre de 2008
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