sábado, 22 de noviembre de 2008

La fiesta inolvidable

Felipe Díaz Garza
22 Nov. 08

"Tienen que apretar, definir a una persona que tenga el interés y el compromiso de terminar en el 2010 con este trabajo", dijo el senador perredista Rubén Velázquez. El trabajo al que el legislador se refiere es a la organización de los festejos del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución, para lo que el gobierno federal creó una comisión organizadora que ya ha tenido cuatro comisionados.
Por diferentes razones explícitas, aunque realmente no se sabe bien a bien por qué, todos ellos han renunciado, y actualmente, ya con vistosos relojes oficiales en "countdown", la dichosa comisión está acéfala, incluso, a decir de algunos legisladores, como el referido senador Velázquez o su colega priista Samuel Aguilar, "a la comisión del Ejecutivo no se le ve pies ni cabeza". Más cauteloso, pero igualmente regañón, el también senador y priista Melquiades Morales, presidente de la comisión legislativa del Bicentenario, anunció que: "Se enviará un exhorto respetuoso a la investidura del Ejecutivo federal a fin de que no se vean retrasados los festejos de estas dos fechas históricas".
Los señores legisladores quieren fiesta, igual que muchos otros millones de mexicanos, entre ellos Vicente Fox, que prendió el cuete de la celebración durante su mandato, y Felipe Calderón, que le siguió el juego a su antecesor y ha seguido tronando petardos festivos durante el suyo.
Prácticamente desde su fundación, en 1929, el PRI convirtió la Independencia y la Revolución en sus franquicias. De hecho, el tricolor basa (o basaba) sus principios y objetivos en la Revolución de 1910, aunque en la práctica los haya traicionado sistemáticamente, especialmente los que tienen que ver con democracia, justicia social y sufragio efectivo. Otro de los postulados revolucionarios, el de la no reelección, fue satisfecho por el PRI, sí, pero pervertido maquiavélicamente en la reelección impuesta del partido convertido en gobernante.
El ex presidente Fox y sus estrategas, que los tuvo aunque no pareciera, deben haber pensado que era importante para la consolidación del gobierno panista quitarle al PRI la exclusividad de las patentes de la Independencia y de la Revolución, que indebidamente explotaban. Lo mismo, sin duda, pensaron el presidente Calderón y los suyos, y continuaron las maniobras para separar al PRI de la Independencia y de la Revolución. Pero, igual que los priistas durante toda su historia en el poder, los gobiernos panistas se apoderaron, a medias porque el tricolor sólo lo ha perdido a medias, del usufructo de los logotipos de las dos guerras, pero no de la consumación real de ambas revoluciones, la de 1810 y la de 1910.
Me refiero a la liberación efectiva de los mexicanos con respecto a países extranjeros y la redención de millones de mexicanos pobres explotados por unos pocos mexicanos ricos, asociados estos últimos, para hacer más patético el cuadro, con pares suyos extranjeros. Gobernada actualmente nuestra economía por bancos extranjeros, consumidores obligados de marcas y patentes extranjeras, exportadores al extranjero de cuerpos y cerebros trabajadores e inteligentes y damnificados en proceso de una crisis financiera provocada por extranjeros, malamente hablamos de independencia (así con minúscula, aunque sea la de 1810).
Más de la mitad de los mexicanos son pobres a secas y dos de cada 10 son pobres extremos, junto a menos del 10 por ciento de "nacionales" ricos que se comen la mitad o más del ingreso "nacional". La crisis actual, inéditamente, está perjudicando por delante a los ricos empresarios, unos cuantos mexicanos. Pero éstos saldrán de la crisis, y eso no es inédito, como empresarios ricos dueños de empresas pobres. Eso después de haber transferido las pérdidas a los millones de mexicanos pobres, damnificados finales por definición. Póngales usted el nombre a los ricos propietarios de empresas quebradas, los conoce, los ve y lee de ellos a diario en las crónicas de las fiestas elegantes de la gente de bien de este país.
No hay Independencia ni Revolución consumadas. No hay, pues, Bicentenario de la Independencia ni Centenario de la Revolución que celebrar. En enero pasado le escribí aquí mismo de lo descontextualizado de las fiestas de año nuevo, las de la Independencia y las de la Revolución. Permítame la impertinencia de considerar pertinentes para cerrar este artículo dos párrafos de lo que entonces le propuse: "Las imposibilidades de prosperidad del 2008 son todas herencia fatal de una independencia nacional no consumada y de una revolución fracasada, las que precisamente el gobierno de Calderón pretende celebrar en el 2010 como una independencia efectiva y una revolución triunfadora. Claro que la regresión de la Independencia y el fracaso de la Revolución no son culpa del presidente Calderón y de su gobierno. Él no nos hizo súbditos de una dictadura económica internacional ni les regresó México a los bancos extranjeros ni les franquició barato el aire y el mercado a Slim, a Azcárraga, al otro Salinas y a sus iguales y sus tiendas de raya.
"Pero Felipe sí quiere celebrar sin motivo una fiesta que hará lucir a su gobierno y que legitimará la dependencia y la contrarrevolución. Una fiesta de unos pocos ricos cada vez más ricos en un país de muchos miserables cada vez más miserables. Si el Presidente quiere celebrar, que lo haga, pero que primero consume la Independencia y haga triunfar la Revolución. Lo demás es lo de siempre: puro cuento"

.http://www.reforma.com/editoriales/nacional/473/944033/

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