Luis González de AlbaLunes, 10 Noviembre, 2008 Yo era casi niño cuando los vi descritos por primera vez: “Para ellos no hay mujer honesta, hombre honrado ni corbata bonita”. Fue en aquella revista Siempre! que era por entonces la lectura de la izquierda. No recuerdo el autor, pero se refería al mexicano torvo, rencoroso, agriado contra el mundo, segurísimo de sí mismo, ciertísimo de estar en la religión correcta, en el partido correcto y sostener las opiniones indudables.Van por el mundo cargando un fardo de injusticias: les hacen fraude y no saben explicar cómo, los extranjeros les quieren robar su petróleo (y tampoco saben explicar cómo es su), saben con certeza absoluta que la prensa miente, los periodistas se venden; nadie tiene opiniones diversas, sino etiquetas con precios; nadie escribe contra lo que ellos creen por estar convencido, sino porque recibe una paga, y si no la recibe, la busca. Vomitan insultos como respuesta a pruebas.No hay argumento ni lógica que los haga dudar un poco de sus certezas: recuerdan la macrolimosna del gobernador de Jalisco, pero no quieren oír nada de la megalimosna de López Obrador a la Basílica de Guadalupe en forma de terrenos públicos regalados para que los curas lucren con el paraíso y el entonces jefe de Gobierno con sermones favorables y la bendición de sus obras, nunca licitadas y entregadas a cambio de apoyo para su campaña presidencial.Las acusaciones contra Juan Camilo Mouriño, los hijos de Marta y el cuñado del Presidente se caen porque los jueces son corruptos, dice el mexicano torvo como si estuviera ante las pruebas fehacientes. Hemos llegado al colmo: la falta de pruebas es la más eficaz de las pruebas porque prueba que hubo ocultamiento de pruebas… ¿Quién podría salvarse ante semejante “argumentación”? Pero no le digamos al mexicano torvo que nadie sabe cómo sostiene López Obrador su nueva campaña presidencial adelantada, porque este mexicano sí lo sabe muy bien: honestidad valiente y honradez.Pero que López Obrador haya robado su terreno a un mexicano para regalarlo a una transnacional hospitalaria que sólo atiende a ricos es una muestra de que, quienes lo decimos, estamos pagados. De nada sirven las fotocopias de los títulos de propiedad, las órdenes de suspensión de obra, los videos del incumplimiento, el amparo roto en las narices del ciudadano: no, no es verdad y lo único cierto es que estamos con los riquillos, nosotros, los que denunciamos la entrega del terreno a la transnacional de la salud que atiende a ricos. Y cuando exigimos que se elimine el fuero al jefe de Gobierno para que un juez pueda revisar sus actos, estamos con la derecha.El mundo al revés: no estuvo con la derecha quien hizo obra para autos y abandonó el transporte popular, el que pasó sobre amparos ciudadanos, el que presidió el PRI en Tabasco, el que todavía oculta costos de sus mayores obras; no, no, no hemos entendido: los que estamos con la derecha somos los que denunciamos tales hechos oprobiosos; la familia de Mouriño tiene unas pipas para el transporte de derivados del petróleo, no son diez, con años de trabajo. Los diputados poseen inexplicables flotillas de taxis. ¿Y los precios de los nunca concursados segundos pisos?: miles de millones ocultos por diez años gracias al trabajo legislativo de René Bejarano, el hombre a quien todos vimos llenar maletín y bolsillos con fajos de dólares entregados por un empresario extorsionado por el PRD.
http://www.milenio.com/node/110980
lunes, 10 de noviembre de 2008
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