María Amparo Casar
3 Nov. 08
Paradojas de la política. Una iniciativa cuyo objetivo inicial era hacer de la industria petrolera una industria competitiva, de Pemex una empresa moderna y de México un país con mayor potencial para el crecimiento, fue convirtiéndose en el camino en una iniciativa de propósitos políticos.
Vista desde la perspectiva económica la reforma fue una decepción: ni dejaremos de ser un país importador de gasolinas, ni ampliaremos el potencial para la exploración, producción y exportación de hidrocarburos. Seguiremos pasando a la historia como el único país que no alienta ni consiente la asociación con el capital privado.
Pero evaluada desde el mirador de la política las cosas cambian. Los saldos políticos de la reforma son positivos para el gobierno de Calderón y para el PRD quienes acabaron siendo los protagonistas de la reforma a pesar de que no puede escatimársele al PRI su papel crucial en la negociación de la reforma.
Calderón mostró una gran habilidad política sabiendo hacer de la necesidad virtud. Dándose cuenta de que la posición gubernamental era una posición perdedora porque el PRI no apoyaría su iniciativa, AMLO no dejaría de estirar la liga y el PRD en el Legislativo no podía secundar su proyecto, desoyó a quienes le recomendaron retirar la iniciativa y la convirtió en bandera política. Trocó una derrota económica en un victoria política.
El saldo positivo para el gobierno de Calderón no es poca cosa. Chica o grande pudo anunciar que reforma hubo y que ésta debe sumarse a las de pensiones, hacendaría, educativa, de transparencia y próximamente a la de seguridad y justicia. Abona pues a su reputación de reformador. Exhibió la intransigencia de AMLO, fortaleció la posición de la izquierda que está dispuesta a jugar con las reglas del juego y le quitó combustible al movimiento de AMLO sin que pueda acusársele de criminalizar la protesta social. Finalmente, ganó un interlocutor que si sigue por esa vía estaría quitándole el monopolio de la interlocución que absurdamente le fue cedido al PRI.
El PRD -el de los "Chuchos" o Nueva Izquierda que controla la mayoría de la estructura partidaria y de los cargos de elección popular- no se quedó atrás en habilidad política. No puede negarse que el proceso que siguió la aprobación de la reforma y su resultado mismo se debieron a la combinación de la presión callejera de López Obrador y a la conducta propositiva y negociadora de los líderes partidarios y parlamentarios del PRD. El triunfo pudo y debió haberse compartido en beneficio político del movimiento y del partido. Pero los primeros decidieron tirarlo a la basura y la mayoría del PRD capitalizarlo.
Al final, los Chuchos tuvieron un saldo tan positivo o mayor que el propio gobierno. Su corriente -ya fortalecida después de las elecciones internas y de la composición del Congreso Nacional- salió aún más reforzada porque supo deslindarse de la posición intransigente de AMLO que con argucias intentó que su partido retirara el apoyo a una iniciativa que a todas luces incluía los puntos centrales de su propuesta y que fue avalada por el mismo grupo de intelectuales que el propio López Obrador convocó. Al deslindarse de AMLO y cumplir con la promesa de votar a favor de una reforma que impidiera lo que en su visión constituía la privatización de la industria petrolera, se mostraron como interlocutores confiables. Terminaron con la sumisión al líder del movimiento y demostraron que AMLO no puede disponer del partido a sus anchas. Demostraron también que el arrastre de López Obrador no es ilimitado y que su carisma no alcanza para seguir movilizando a todos sus seguidores aunque la causa haya desaparecido. Que una cosa es la persuasión y otra la manipulación.
Por añadidura demostraron que la vía parlamentaria sirve para impulsar y definir las políticas públicas de su preferencia. Navarrete lo dijo mejor que nadie en una entrevista: uno de los saldos más importantes de la reforma fue que "la vida parlamentaria dio un paso adelante muy importante". Se refería a la intensa discusión que se dio en el Congreso; a su apertura para que se escuchara no sólo la voz de los legisladores sino la de expertos, empresarios, sindicalistas, ex funcionarios e ideólogos de todas las posiciones; a que las tres principales fuerzas políticas fueron capaces de formular y poner en juego sus iniciativas; a la disposición mostrada para sacar la reforma por consenso.
Al final, el triunfo indiscutible del PRD en la reforma petrolera y la conducta seguida por sus dos alas revela lo que desde antes de las elecciones estaba ahí pero que la conveniencia política hacía aconsejable soterrar: las diferencias de proyecto, estrategia y formas de hacer política de las dos alas del PRD.
Mientras AMLO parte de la premisa de que el gobierno tiene que pagar con la ingobernabilidad el supuesto fraude, la mayoría del PRD busca recuperar el terreno perdido en estos dos años y convertirse en opción de gobierno. Mientras AMLO juega a ganar en las calles lo que no pudo ganar en las urnas, los perredistas quieren aprovechar sus puestos para modificar las políticas públicas y avanzar posiciones. Mientras AMLO apuesta a transformar el país por la vía del movimiento social, los perredistas hacen su apuesta por la vía institucional.
Con todo, no hay por qué suponer que la ruptura vendrá. Nueva Izquierda ha ganado un amplio margen de maniobra pero AMLO también.
http://www.reforma.com/editoriales/nacional/469/937745/
martes, 4 de noviembre de 2008
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