Joel Ortega Juárez
Sábado, 15 Noviembre, 2008
…sobra la derecha.
Si en el mundo actual ya resulta difícil establecer las diferencias entre un gobierno derechista y uno supuestamente izquierdista; como ocurrió en Brasil, donde Lula terminó aplicando muchas de las medidas que combatió al gobierno de Henrique Cardoso por considerarlas derechistas (la reforma de pensiones y otras)En México la cosa se complica aún más.Nuestras izquierdas oscilaron siempre entre la sumisión a los gobiernos “revolucionarios” o la marginalidad a la que los condenó la represión gubernamental y su propia incapacidad para comprender la realidad nacional.Solamente hubo algunos efímeros movimientos donde se logró implantar un cierto pensamiento autónomo de izquierda (58-59 entre los trabajadores y el 68 en el movimiento estudiantil).El proletariado continúa estando sin cabeza, como decía José Revueltas.P’a acabarla de amolar hoy por hoy, las izquierdas oficiales es decir los partidos con registro electoral (franquicias) han adoptado plena y acríticamente toda la cultura, ideología y los estilos de hacer política de la Revolución mexicana.Prácticamente consiguen mantener su accidentada cohesión, en función de su rechazo opositor a la derecha panista con ocho años en el gobierno federal. No existe ningún interés por insertarse al interior del movimiento de los trabajadores, frecuentemente algunos dirigentes sindicales de izquierda encabezan la defensa de líderes charros como Napito.Lejos de impulsar luchas para romper la absurda y miserable política salarial de los patrones y el Estado, prefieren subsidiar al capital con políticas tutelares que favorecen la cultura de sumisión de la gente, en lugar de promover la de lucha por y en defensa de derechos políticos, económicos y sociales mínimos en un país capitalista como México.Esa política clientelar produce enormes beneficios para un puñado de caciques y evita la construcción de movimientos masivos autónomos. Lo cual es bienvenido por los patrones y los poderes, tanto los formales como los fácticos.Los vendavales cíclicos y sin rumbo de algunos sectores oprimidos pueden sortearse con una relativa facilidad.La manzana envenenada del mundo de la representación (diputaciones, senadurías, presidencias municipales, gubernaturas y la eterna zanahoria de la presidencia) mantiene a esa izquierda en permanente disputa entre sí.Extraviada y cada vez más alejada de objetivos transformadores y cada vez más identificada con posiciones conservadoras.
http://www.milenio.com/node/114666
sábado, 15 de noviembre de 2008
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