Juegos de Poder
Leo Zuckermann
22-Oct-2008
El 3 de abril advertí en este espacio que se vislumbraba una reforma petrolera “para que los políticos puedan salvar la cara. Donde los involucrados minimicen los costos y puedan argumentar que ganaron algo”. Una reforma promovida por el gobierno panista, corregida por el PRI y que evite la violencia de la izquierda. En suma, una reforma “que después de mucho ruido acabe con muy pocas nueces”. Desgraciadamente, no me equivoqué.Estos días, el Senado está aprobando en comisiones una reforma que, al parecer, tendrá el consenso de los partidos. Cuando esto sucede en un tema donde existen diferencias ideológicas profundas, lo que significa es que la sustancia de la reforma es mínima. Es muy poco en lo que se pueden poner de acuerdo todos los partidos. Un mínimo común denominador que no resolverá el problema de fondo que es la grave caída que tiene México en su producción petrolera. Lo que se está aprobando en el Senado no incentivará la inversión privada en la exploración y explotación de crudo. México permanecerá con uno de los regímenes jurídicos más cerrados del mundo en esta materia. Sin inversión privada, la apuesta de los políticos es que el monopolio público de Pemex podrá financiera, tecnológica y gerencialmente elevar rápidamente la producción petrolera para compensar el declive actual. Se trata de una apuesta arriesgada. Igual funciona, igual no funciona. Y si no funciona, pues México estará en pocos años importando petróleo. Los políticos se han decidido por un modelo que no incentiva la participación de capitales privados en el negocio. Hasta, quizá, el día en que el país tenga que importar su primer barril de crudo. Allí sí, a lo mejor, los políticos se convencen de la necesidad de Pemex de asociarse con el capital privado para beneficio de la sociedad. Me imagino perfectamente el escenario. Ante el desastre de no haber podido compensar la caída en la producción petrolera, el desplome en las exportaciones y, por tanto, de los ingresos públicos, más la necesidad de ahora importar petróleo seguramente caro, el gobierno mexicano corre, con el sombrero en la mano, a rogarle a los capitales privados, nacionales y extranjeros, para que le entren al negocio. No se trata de un escenario hipotético. Ya sucedió con los bancos. Cuando se privatizaron en el sexenio de Salinas, en un arranque nacionalista de los que tanto gustan a los priistas y que en realidad esconden negocios ocultos de los políticos, el gobierno decidió limitar la participación de instituciones financieras extranjeras. De esta forma, muchos bancos quedaron en manos de pillos, eso sí, bien mexicanos. Cuando los bancos quebraron en 1995, el gobierno, sombrero en mano, tuvo que rogarles a los extranjeros, en condiciones humillantes, que vinieran a invertir en este sector. Así sucede en México. Los problemas se arreglan hasta que explotan. No hay manera de resolverlos con una visión de mediano plazo. Ningún político quiere tomar riesgos de más. Prefieren salvar la cara y patear el problema al futuro. Que el gobierno panista diga, ya ven, sí se pudo. Que el PRI se cuelgue la medalla de un partido responsable que apoyó al gobierno pero evitó la privatización. Que el PRD presuma que, gracias a su oposición férrea, se impidió la entrega de la industria petrolera a los siniestros intereses del capital privado. Todos felices y contentos. Todos jactándose del gran avance aunque no se haya resuelto el problema de fondo. No importa. Políticamente es mejor patearlo al futuro. Que le explote a los próximos Presidente y Congreso. Estos días los partidos presumirán del consenso adquirido y la reforma que aprobaron. Luego procederán a competir por el poder en las próximas elecciones de 2009. ¿Para qué? Muy sencillo: para seguir pateando al futuro las soluciones de fondo que este país necesita.
http://www.exonline.com.mx/diario/columna/390005
miércoles, 22 de octubre de 2008
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