domingo, 26 de octubre de 2008

Pero qué necesidad

Néstor Ojeda
Domingo, 26 Octubre, 2008

En la jornada que culminó con la aprobación casi unánime de la reforma de Pemex, fue posible observar una vez más cómo Andrés Manuel López Obrador exhibió su profunda megalomanía y autoritarismo al pretender generar la percepción de que la resistencia y la confrontación se opusieron a una imaginaria imposición en el Senado.Sin embargo, lo que en realidad mostró es la forma en la cual pretende poner su figura y sus intereses por encima de cualquier institución, sea el Congreso, su propio partido, el PRD, o el Estado mexicano, como lo haría cualquier dictador fascista.En su sofística y maniquea argumentación, López Obrador no tiene empacho en afirmar que respeta a sus correligionarios y a sus adversarios, pero no duda en utilizar la violencia para construir escenarios de confrontación en los cuales montarse, descalificar a sus detractores y así continuar con su personal búsqueda del poder para cumplir su sueño de encaramarse en la silla presidencial y dormir en Palacio Nacional.Pero no sólo eso, como autor y promotor de un conflicto artificial —que prolongó casi un año— pretende atribuir el resultado final de la reforma energética y los candados que se impusieron a la participación privada en el sector.La pregunta es: ¿en realidad hacía falta salir a las calles y crispar el ánimo social para influir en los contenidos de la reforma de Pemex?Al parecer no, pues ocurrió lo que hubiera pasado con y sin marchas, mítines y plantones: el Presidente, el PRI y el propio PRD presentaron sus iniciativas en la materia, se consultaron expertos, hubo negociaciones, jaloneos y acuerdos en el Senado, para al final desahogar el proceso legislativo y llevar al pleno los dictámenes que fueron votados por la mayoría y rechazados por una minoría lopezobradorista.La confrontación por la falsa cruzada de El Peje —que hubiera querido prolongar hasta la elección de 2012— sólo lo tiene a él como beneficiario. Al final hubo una reforma con un elevado costo económico, político y social. Pero qué necesidad, ¿de veras teníamos que pasar por todo esto sólo para que AMLO tuviera movilizadas a sus huestes y garantizados los reflectores de los medios de información? La verdad, creo que no, pero los saldos negativos de la inestabilidad que provocó los pagaremos todos.

http://www.milenio.com/node/102351

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