René Avilés Fabila
12-Oct-2008
A pesar de las diferencias significativas entre el actual Presidente y el anterior, el Partido Acción Nacional muestra, con cada acción suya, ineptitud quintaesenciada. El célebre marxista Isaac Deutscher decía que la lucha final sería entre comunistas y ex comunistas. Depende cómo vea uno el derrumbe del socialismo, pero, sin duda, fue obra de renegados, según la terminología de ese autor, y no tanto como producto de su enemigo más evidente: el mundo occidental, el capitalismo anglosajón. Ahora, entre nosotros, pareciera que comienza a perfilarse una lucha final para la bifurcación priista: partido original versus clon-PRD. Así lo vemos en Guerrero, donde el PRD perdió de modo aparatoso. Sus dirigentes se desconcertaron. Félix Salgado aclaró, con un lenguaje de alta política, que él no era el “más tontito”, que buscaran en otro lado responsables, que su patética gestión había sido inmejorable.La pasada lucha por la Presidencia, y ante tanta torpeza de Fox y la incapacidad del PAN, la lucha, al parecer, estaría centrada en dos tabasqueños: Madrazo y López Obrador. El primero resultó un fiasco, mientras que el segundo, con habilidad pragmática, fue capaz de desplazar a Cárdenas y convertirse en caudillo de un importante sector de la población. Los resultados de sobra son conocidos. El país prefirió, aunque por poco margen, la calma de los conservadores y ganó Felipe Calderón. A pesar de las diferencias significativas entre el actual Presidente y el anterior, el PAN muestra, con cada acción suya, ineptitud quintaesenciada. Gobernar al Estado no se les da, son empresarios natos. Calderón, en todo caso, va y viene al compás de un populismo de derecha para enfrentar al de López Obrador, pero está solo por completo. El suyo es el gabinete más lamentable de los años recientes, no hay una sola figura destacada, puras mediocridades y personas de notable incapacidad política. Del otro lado, el PRD se derrumba víctima de su peor caudillo y de sus contradicciones internas. Guerrero no es la primera prueba de sus fracasos recientes, luego de las atrocidades que una banda de enloquecidos cometen al amparo de una falacia: la llamada presidencia legítima y el deseo de vengarse a toda costa.En Guerrero, luego de la brutal hegemonía priista donde gobernaron los peores caciques, el PRD se había afianzado. Pero sin un proyecto serio, con rufianes de la calidad del cantante Salgado, se vino abajo y dejó el paso franco para que regresara el PRI. No fue por el talento de Beatriz Paredes sino por la pésima gestión del perredismo local y, desde luego, por las andanzas de López Obrador y de los suyos. Podríamos aceptar la idea de que no ganó el PRI sino que perdió el PRD a causa de tanto error acumulado, son los éxitos los que cuentan. En una carrera maratón, donde ha punteado todo el tiempo un deportista, antes de llegar a la meta se tropieza y gana el que nunca hubiera podido pasarlo. La medalla la recibe uno solo. Es decir, la suerte cuenta, pero también los hechos. Y perdieron a causa de la iniquidad de los perredistas, a los que yo veo muy cerca en mi delegación, Tlalpan, el botón de muestra: pillerías, autoritarismo, corrupción, ambulantaje, irrespeto a los ciudadanos y al final la destrucción de una zona que hasta su llegada era más o menos ejemplar. Ahora luchan por imponer la sucesión que se inició con la arrogante, corrupta y pésima administración de El Pino y Luis Gómez; con la llegada del PRD al DF. He dejado constancia en estas mismas páginas de diez años de resistencia ciudadana contra el perredismo en Tlalpan.Pero volvamos a Guerrero. Lo que vale, al fin, es quién se llevó limpiamente el mayor número de alcaldías y diputaciones locales y mucho menos las razones del triunfo. Éstas deben quedarse en el PRD y analizarlas para no repetirlas. Por desgracia ya AMLO disculpó a Ricardo Monreal y dijo que fue un “complot de la mafia en el poder” para acabarlo. Bueno. El PRI siente que Guerrero es la prueba definitiva de su exitoso renacimiento y de su regreso a Los Pinos, luego de dos derrotas apabullantes. Sin embargo, no acaba de mostrarnos que se trata de un partido distinto al que gobernó con mano dura al país. La mayoría de los dirigentes son dinosaurios, resabios del autoritarismo y la ausencia de pluralidad, incluso los jóvenes como Peña Nieto se mueven dentro del estilo acartonado del pasado y sin ninguna ideología. Asimismo, el PRI nos debe una disculpa por las represiones y la dureza con la que condujeron al país.Las encuestas recientes, si hoy fueran las elecciones presidenciales, señalan al PRI como victorioso y a Peña Nieto como Presidente de la República. Los tres años que faltan para esa fecha son muchos meses y en ellos pueden ocurrir multitud de cosas. Tendrán que acabar la metamorfosis para eliminar las dudas que tenemos. Sigue siendo un partido ajeno a sus bases. Por lo pronto, mal estamos si es que la mejor opción, ante la corrupción y la rusticidad perredista y la incapacidad del panismo, es ahora el PRI disfrazado de socialdemocracia.
http://www.exonline.com.mx/diario/editorial/379970
domingo, 12 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)


No hay comentarios.:
Publicar un comentario