Leopoldo Mendívil
Jueves 30 de Octubre de 2008
PRESIDENTE CALDERÓN:
Fue una pena haberme asomado al televisor, antenoche, tardíamente en el programa de Denisse Maerker. No pude conocer el nombre de una joven mujer en verdad fascinante, que podría llamarle la sacerdotisa del mesías del sureste…
Joven, de agradables facciones, poco sobrada de peso, de la sacerdotisa, Denisse presentó imágenes que se remontan al plantón Zócalo-Reforma de la lucha por la Presidencia perdida, siempre entre la gente, siempre hablando, convenciendo, reverenciando, enalteciendo la imagen y la palabra de quien sus discursos parecen ser —que me perdonen los creyentes en Cristo— la verdad y la vida…
Fue impresionante conocer, y además por etapas de su existencia y de su aventura, a una de las quién sabe cuántas personas que existen a lo largo y ancho del país —la gran mayoría concentrada en esta capital— para quienes las palabras que su guía pronuncia tienen peso de dogmas: las aceptan, aunque no las comprendan…
Palabras que nadie comprende pero son como la Biblia de alguna nueva religión para quienes las creen; una religión política para la que el México actual es el infierno donde reinan la maldad, la corrupción y la injusticia, y su mesías ofrece el cielo de la abundancia, el bienestar y la plenitud que sólo él puede realizar, aquí mismo…
Además de hablar y hablar repitiendo los diversos conceptos de su faro de esperanza, la mujer lloró de tristeza cuando los demonios hicieron fracasar algunos de los sueños que Andrés Manuel les ofreció a los más pobres, pero igual lloró de alegría cuando el ídolo renovó los ánimos de sus creyentes con sus condenas contra los perversos que no sueltan el poder y no sólo mantienen sino que vigorizan la exacción de las masas…
A medida que veía, Presidente, a la mujer del reportaje de Denisse, iba pensando con preocupación creciente sobre cuántos más habrá que actúan así por convicción y con la naturalidad de sus propias vocaciones, o porque sus motivaciones sociales y sus frustraciones personales han sido caldo de cultivo para sembrar la doctrina del líder que ofrece destruir para construir la República de la Felicidad…
El problema, Presidente, de todo esto, radica en que los dogmas de López Obrador obedecen mejor a una denominación totalmente diferente, que son las mentiras acumuladas por este personaje a lo largo de toda su función político-mesiánica; mentiras que ustedes, sus contrincantes, a fuerza de no querer parecer sus enemigos y mucho menos sus verdugos, le han dejado repetir sus mentiras y convertirlas en las verdades de quienes son, sin posibilidad de dudas, los más desamparados de nuestra Nación, los desesperanzados de siempre y por tanto, los más susceptibles de caer en las garras de un buen manipulador.
Y mirando a la muchacha de la historia televisiva, me asaltó por enésima ocasión la imagen de esa novela terrible intitulada El huevo de la serpiente que cuando el personaje lo veía contra la luz de un foco, identificaba en su interior la figura del reptil que al romper el cascarón se volvería el nuevo escuadrón de otro Apocalipsis mexicano.
Lo más fácil, Presidente, es creer —quien así discurre— en que el mesías del sureste cada vez se acerca más a su derrota, porque además prevalece la idea de que será él mismo su sepulturero a fuerza de tanto error que no quiere o no puede enmendar.
La virtud de gente como el peje es su indiscutible fortaleza derivada de sus vericuetos mentales, que suele sacarlos a flote una y otra vez.
Creo que usted está lejos de repetir el error de su antecesor Fox, quien cayó en la debilidad de odiar a López Obrador y de convertirlo en una obsesión personal de manera que fue él, con su poder presidencial, quien bloqueó las posibilidades de una derrota a AMLO infligida por nada más que por la sencilla y humilde letra de la ley, el único suero anticrotálico capaz de inocular a la sociedad de su ponzoña.
Pero una ley que no se aplica no es más que un papel inútil, y han sido ya numerosas las acciones legales que a lo largo de su acción como uno de los más duchos agitadores de nuestra historia, han sido frenadas, frustradas y por tanto convertidas en otro peldaño de la escalera por la que el peje asciende y desciende, pero se conserva una vez más vigente. Piense, presidente Calderón, en que la vida activa de este hombre como activista político se inició en el período sexenal de Miguel de la Madrid, cuando gobernaba en Tabasco Enrique González Pedrero; casi han transcurrido tres décadas y sin duda se le notan las huellas de las batallas, pero mantiene el ánimo y el vigor suficientes para seguir adelante.
Si usted no desea librar al país del indiscutible riesgo que este personaje significa, mantenga lejos la ley en la que usted cree y que, insisto, es la única arma políticamente letal para el pejePero lo dejará seguir socavando su tarea presidencial que, la verdad, sería el daño menor, si no llevara implícito el daño mayor que es la República en manos de este mesías que en la mentira tiene la ley, el dogma y el instrumento mejor de su obsesión por el poder…
http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=394504
jueves, 30 de octubre de 2008
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