viernes, 31 de octubre de 2008

Las muchas caras del fascismo

Miguel González Compeán
Viernes 31 de Octubre de 2008

El fascismo tiene muchas caras y está siempre al acecho. Déjenme platicarles la historia de una estimada lectora, que ha decidido –-convencidamente–- dejar de leer cualquiera de mis textos porque asegura que he caído en la enorme tentación de la dádiva gubernamental. En resumen: que he sido “chayoteado”. ¿Por qué lo asegura? Muy sencillo; porque pienso distinto a ella. Nuestra estimada lectora forma parte de este selecto grupo de fascistas democráticos, de estalinistas reivindicadores de los pobres, que acuden a los mítines de su líder a levantar la mano para legitimar lo que el tlatoani dispone –-bendita democracia deliberativa–- en la que uno alza la voz mientras los demás alzan la mano. Ella, como muchos otros mexicanos, no puede aceptar que la historia no se comprende clasificando a sus actores entre buenos y malos. No entiende que el gobierno y los empresarios no son los malos por distinción, y el paupérrimo pueblo la víctima eterna. Por eso me acusa de ser cooptado por el gobierno. Esta mujer cree que estoy comprado, simplemente porque no me compro sus historias.
Esta lectora hace bien en enviarme un video de Youtube en donde una cadena norteamericana (creo que Telemundo) presenta un reportaje amañado, donde se descubre el complot (¡sí, e’un compló!) mediante el cual un grupo de empresas trasnacionales negociaron con el candidato Felipe Calderón para que éste entregara todos los recursos naturales a ellas (el reportaje habla de petróleo, energía, agua). John Ross, en el video, y un profesor venezolano de la Universidad de Pomona (la muy prestigiada), en el estudio, aseguran que las trasnacionales, encabezadas por Halliburton, jugaron un papel fundamental en la elección mexicana. No me sorprende el video, hay cientos de ellos (un día que no tengan nada mejor que hacer, dense una vuelta por el Sendero del Peje, es divertidísimo), lo que me sorprende es la ferocidad y el apasionamiento con que la gente defiende estas teorías del complot sin cuestionar una sola palabra. Después de responderle, la lectora me envía por correo electrónico una lista de periodistas de México clasificados en buenos y malos. Sobra decir que los malos son todos los que aparecen en la TV, los intelectuales orgánicos, los que defendieron al “espurio” y al “eje del mal” (el PRIAN). ¿Los periodistas buenos? Adivinaron. Los que siguen aplaudiendo las gracias del mesías tropical.
Esta mujer refleja perfectamente a la sociedad mexicana, dividida, polarizada. Esta sociedad repleta de fascistas que no se dan cuenta de sí mismos. Los de la derecha, que creen que no hay pobres en México, que deberíamos anexarnos a los Estados Unidos, que el TLCAN es perfecto, que ven al neoliberalismo como una religión, ellos que creen en la pena de muerte para los secuestradores, que no permitirían abortar ni a una niña de doce años que hubiese sido violada. Por otro lado, los fascistas de cierta izquierda, que creen que hubo un atroz fraude electoral, que el TLCAN es una porquería y que de nada ha servido para el país, que la CIA y el FBI se reúnen con Donald Trump y Bill Gates para planear crisis financieras mundiales, que los empresarios son todos unos explotadores y los políticos todos unos pillos (bueno, menos los de la honestidad valiente), los que no pueden encontrar aspectos positivos en el gobierno actual, y por supuesto, los que no consideran el diálogo como una opción real para construir un país mejor. Tan nefastos los giros como los colorados.
Por culpa de estos fascistas de cierta derecha, y de cierta izquierda, tenemos el país que tenemos, por eso no hay acuerdos ni pactos. Porque no hay una visión compartida, porque no podemos entendernos, porque no nos interesa entendernos. Olvidamos la importancia del uso de la razón, poniendo en un lugar preponderante los valores ideológicos (ojalá); estamos en la depredación por recursos y clientelas. Nos olvidamos de analizar y cuestionar antes de tragar. Voltaire no se equivocaba cuando afirmaba que el fanatismo, indignado por el éxito de la razón, se había vuelto contra ella con más rabia. No cabe duda que tenía razón cuando afirmaba que el absurdo y bárbaro derecho de la intolerancia era peor que el derecho de los tigres; pues los tigres se destrozan para comer, mientras que nosotros nos exterminamos por unas cuantas frases… y a veces... necedades vestidas de ideas.

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=394756

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