Pablo Hiriart
Vida nacional
22-Oct-2008
La reforma petrolera fue un fiasco.Sencillamente no pasaron ni la iniciativa del Presidente ni la del PRI, que más o menos ayudaban a recuperar lo perdido.Lo único bueno de ese fiasco, por decirlo de alguna manera, es que no se trata de una derrota definitiva.Ahí viene 2009 y la decisión de los ciudadanos será fundamental para lograr una nueva generación de reformas.El país no se mueve sin reformas. Tenemos una Constitución que se apega a las necesidades del México de 1917, pero no a las de ahora.Según la Constitución que nos rige, los correos electrónicos y las empresas de mensajería están fuera de la ley, pues esa tarea es reservada de manera única y exclusiva al Estado.Del fiasco de la reforma petrolera se deben sacar lecciones.La primera es que la actual correlación de fuerzas en el Congreso no es la indicada para el desarrollo del país.Con un PRD fuerte, pero atado a la tutoría y prebostazgo de López Obrador, no hay posibilidad de llegar a acuerdos que transformen a México para bien.Si el PRD no se sacude a López Obrador, en el Congreso no habrá una izquierda que vele por los intereses de los más necesitados.Esa izquierda no impulsará reformas que debiliten su unidad alrededor de López Obrador.Lo que se necesita, entonces, es cambiar la correlación de fuerzas en el Congreso, o cuando menos en la Cámara de Diputados en el próximo año.Este PRD, que se opone a la construcción de nuevas refinerías con capital privado y prefiere que sigamos importando gasolinas a empresas privadas del extranjero, no merece tener una representación tan amplia en el Congreso.Este PRD, que acaba de adoptar como resolutivo obligatorio en su reciente Congreso, el rechazo a la Alianza por la Calidad de la Educación, no merece ser la segunda fuerza política en la Cámara de Diputados.Imposible de explicar que un partido que se dice de izquierda, se ponga del lado de quienes defienden el carácter hereditario de las plazas de maestros.El gran problema del PRD es el chantaje permanente a que lo tiene sujeto López Obrador.Pero ese es problema suyo.El problema para el país es un partido con dueño, que se opone con la fuerza de su representatividad en el Congreso y el amago de la violencia, a la realización de las transformaciones que México requiere con urgencia.Ni siquiera se aceptó que el Estado cree empresas filiales de Pemex para refinar petróleo, a fin de que nazcan sanas, sin la carga sindical ni la burocracia con la que operan las actuales, que arrojan pérdidas.La respuesta al obstruccionismo del PRD y al chantaje de la violencia que ejercen algunos de sus principales líderes, debe darse en el único terreno válido: en el democrático, en el de las urnas el próximo año.Es de esperar, también, que el gobierno haya aprendido la lección y le pierda el miedo a López Obrador, a Muñoz Ledo y a otros personajes del FAP.Si amagan con echar a sus partidarios encima de la capital y para ello cuentan con el apoyo (o complicidad) de la policía capitalina, los ciudadanos tienen que bajarle la representación en la Cámara de Diputados, en la Asamblea del DF y en las delegaciones.El gobierno, por su parte, debe tomar las medidas para garantizar el respeto a la ley en la capital del país, y si alguna autoridad no quiere realizar su tarea, debe ser removida.El gobierno y su partido deben aprender la lección de que con el PRD, este PRD que es propiedad de una persona aunque a veces rezonguen algunos de sus dirigentes, no es compañía para ir a ningún lado.Si el PAN cree que con el PRD —tutelado por AMLO— se puede llegar a acuerdos para sacar adelante reformas relevantes, miren nada más en lo que quedó la reforma petrolera. No hay caso.El PRI, por su parte, necesita aprender la lección de que una reformita no ayuda a Pemex ni al gobierno ni a México.Y reformas en serio sólo se pueden hacer con una nueva correlación de fuerzas en el Congreso.
La respuesta está en las urnas.
http://www.exonline.com.mx/diario/columna/390006
miércoles, 22 de octubre de 2008
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