martes, 28 de octubre de 2008

Fox y AMLO, estrellas enanas

Francisco Báez Rodríguez
Martes 28 de Octubre de 2008

Una de las características de la era postmoderna es que lo sólido se desvanece en el aire. Esto sucede en el mundo del espectáculo, con estrellas que refulgen un breve lapso como supernovas, para terminar convertidas en enanas blancas o rojas. Sucede en las ideologías, que ya no son aquellas macizas iglesias del Siglo XX, sino apenas capillitas ambulantes. Pasa también –por supuesto– en el mundo concreto de la economía, en donde las burbujas explotan y se llevan con ellas fortunas envueltas en humo. Y, por supuesto, pasa también en la política.
Pensemos, por ejemplo, en las dos figuras que dominaban el escenario del país hace apenas tres años. Uno era un Presidente bonachón, bastante popular a pesar de que a cada rato metía la pata con sus declaraciones, que no había hecho los cambios que prometió, pero que –al menos según las encuestas– había dejado conforme a la mayoría de la población. El otro era un jefe de gobierno carismático, todavía más popular, que se presentaba como “rayito de esperanza” para los que menos tienen y que, si bien era muy polémico, tenía millones de seguidores.
Hoy, Fox y López Obrador son un par de sombras. O mejor dicho, estrellas enanas. Una estrella es enana cuando no tiene suficiente energía para emitir (el caso de Fox), o cuando se contrae emitiendo grandes cantidades de energía (el caso de López Obrador). El ex presidente sólo ha salido de sus pequeños escándalos para hacer declaraciones inoportunas. La más reciente, llamar “chiquita y pírrica” la reforma petrolera que aprobó el Senado y que esta semana se espera que vote la Cámara de Diputados.
No sé si Fox sepa qué quiere decir “pírrico”. Lo dudo. Lo que queda clarísimo es que no le pareció que se aprobara una reforma energética a la que se le limaron muchas de las aristas más agudas de la propuesta del Ejecutivo. Da la impresión de que hubiera preferido que la iniciativa de Calderón hubiera corrido la misma suerte de todos los proyectos de reforma estructural que Fox envió durante el sexenio pasado. Iniciativas integrales y ambiciosas, enchiladas completas, que fueron torpedeadas por la oposición hasta hundirse en las congeladoras del Congreso. Ahora, desde su puesto en Acción Nacional, trabaja a favor de una suerte de “maximalismo blanquiazul”.
En la misma lógica del “todo o nada” se ha inscrito, desde hace ya un buen rato, Andrés Manuel López Obrador. Su intención es usar a los partidos que lo candidatearon a la Presidencia como instrumentos de sabotaje de las instituciones durante todo el gobierno de Felipe Calderón, intentar mantener la movilización y el enardecimiento de sus fieles y, con ese impulso, volverse a lanzar para el 2012.
Se trata de un proyecto personal, en el que lo de menos es la suerte del país –de sus más de cien millones de habitantes de carne, hueso y sueños–, porque él es el único depositario de la verdad y de las soluciones. Para AMLO no hay victorias parciales, porque quitan tensión social. La línea es: “mientras peor, mejor”, y lo ha demostrado con claridad en los últimos días, tirando al bote de la basura la victoria política de haber podido introducir la mayoría de los puntos de vista del PRD en una reforma clave para el país. Cualquier reforma, aún la más perfecta, aún la de “las doce palabras”, tendría una mancha: la firma de Calderón, y no la “legítima”.
Lo de menos será la suerte del país, pero no el vehículo. En estos días la división del PRD ha sido más que evidente; también se ha hecho patente que la mayoría de los cuadros del partido están hartos de los desplantes del caudillo y que su capacidad de convocatoria está notablemente disminuida. Sin embargo, son muy pocos quienes quieren hacerse cargo de este hecho: Andrés Manuel sigue en el PRD, porque de éste depende financieramente y no hay una fuerza en ese partido capaz de sacarlo de ahí, por el temor a las movilizaciones. Esa lucha seguirá, y es todavía una asignatura pendiente para el partido del sol azteca.
La reforma petrolera, más que por su contenido, ha cobrado importancia como parteaguas de las relaciones político-partidistas. Es el primer caso claro en el que las partes ceden en pos de un acuerdo nacional y, pensamos los optimistas, debe sentar precedente en esta época de turbulencia económica mundial. Para que eso suceda, y el país pueda avanzar por la vía de los consensos, el trabajo más arduo le toca a los partidos, y en especial al PAN y al PRD. Aislar el maximalismo sin bajar los brazos es el reto.
Acción Nacional, cuando menos, tiene a su favor el trabajo que pueda hacerse desde la Presidencia de la República, desde el poder. Para el Partido de la Revolución Democrática la cosa está más complicada, porque será necesario tejer una imbricada red de alianzas para cumplir el cometido de aislar los gérmenes de la división nacional.
Ambos partidos saben que no es nada más por el país (ni principalmente, si hemos de ser sinceros). Es por mantener las cuotas de poder, ahora que las encuestas pronostican un feroz repunte electoral del PRI.
Y es que ya se dieron cuenta de que otra de las modas efímeras de los albores de este Siglo XXI fue la pretensión de gobernar en solitario.

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=394065

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