jueves, 30 de octubre de 2008

El motín del “Caine”

Rafael Álvarez Cordero
30-Oct-2008

López Obrador ha mostrado una y otra vez que no es un líder, es un iluminado (siempre tiene la razón), pero también un golpeador (arremete contra quienes no piensan igual)... Es (el Zócalo) la plaza milusos. Cualquier payaso puede llenarla si grita alto y duro. Carlos Fuentes, La voluntad y la fortuna.Hay películas inolvidables, una de ellas es El Motín del Caine, que estelarizó Humphrey Bogart junto con otros grandes actores. Usted la recuerda: un nuevo comandante, el Capitán Queeg, es enviado a un dragaminas estadunidense. Queeg siente que llega a la nave más importante de la Armada y trata de cambiar radicalmente las actividades de la nave, impone una férrea disciplina aun en las tareas más inocentes. Choca con todos, pero lo obedecen porque es el capitán. Las cosas suben de tono, llega al absurdo de convocarlos en medio de la noche para investigar el robo de unas fresas; incluso los más fieles le tienen aversión, pero callan, hasta que en medio de una tormenta entra en pánico y muestra sus limitaciones, por lo que sus más leales seguidores también lo rechazan. Finalmente, la tripulación se amotina y le quita el mando, pero el Capitán, rencoroso y vengativo, al llegar a tierra pide que sean enjuiciados por traición quienes lo relevaron del mando y en ese momento muestra dramáticamente su paranoia. La actuación de Bogart a lo largo del filme es ejemplo del deterioro de un individuo paranoico, que tiene explosiones de rabia, frases que quieren ser humorísticas (“no me tengan miedo, mi perro me quiere”), trata de calmar su ansiedad jugando con su mano derecha unas bolas de metal como tranquilizantes, pero sobre todo vive una realidad propia, cree que tiene siempre la razón y, si la realidad es otra, peor para la realidad. Humphrey Bogart es en El Motín del Caine un ejemplo perfecto de paranoia.He recordado este filme al ver el camino que ha recorrido quien llegó a encabezar un movimiento político secundado por más de 15 millones de mexicanos y ahora arrastra su victoria, como si fuera derrota, acompañado de dos o tres mil desangelados seguidores. Andrés Manuel López Obrador ha mostrado una y otra vez que no es un líder, es un iluminado (siempre tiene la razón), pero también un golpeador (arremete contra quienes no piensan igual), que lo mismo cierra instalaciones petroleras que marcha sobre la Ciudad de México para ahogarla con manifestaciones (y se retira al recibir millones del gobierno). Lo mismo insulta y vitupera a las instituciones que exige entrar en ellas para ser el único orador. Lo mismo desprecia a los ciudadanos al partir la capital en dos durante varios meses y arenga a sus seguidores con el fin de que asalten aeropuertos, carreteras, edificios públicos o la misma Cámara de Diputados, que llama traidores a los perredistas que no aceptan sus fantasías pues “van a convertirse en cómplices de la entrega de nuestro territorio”(sic). Fue incapaz de reconocer que había perdido en 2006 (como lo menciona Luis Carlos Ugalde en su reciente libro) y ahora es incapaz de reconocer que ganó y, fiel a su pensamiento paranoico, sigue terco y obcecado, tira todo por la borda, se está quedando solo, pero no lo acepta: “Me siento muy apoyado, vamos hacia delante”(sic). Los legisladores perredistas de cada Cámara se deslindan abiertamente de él, pero no entiende. Ahora piensa en ir a advertir a las empresas extranjeras que no se metan con México. Vive su infierno circular, su paranoia. Ha hecho un gran daño al país y el martes pasado, cuando fue recibido en la Cámara de Diputados, vio frustrada su ilusión de ser el mártir del petróleo. Dos casos de paranoia, pero sin duda la actuación de Humphrey Bogart es superior.

http://www.exonline.com.mx/diario/editorial/398463

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